El periodismo está en crisis y en
las últimas décadas han ido surgiendo iniciativas con afán renovador porque
cada vez son más conscientes de que hay algo que no funciona y es
necesario emprender una o varias reformas.
Entre el batiburrillo de nuevas
ideas ha nacido Jot Down. Jot Down es, en pocas palabras, una revista moderna y
actual, que intenta marcar (con éxito) una nueva tendencia en el periodismo y
con unos escritores de excepción. Yo llegué a Jot Down para leer un artículo de
Ander Izaguirre, uno de los grandes, y desde entonces he seguido muy de cerca
la trayectoria del medio. Pero a medida que pasa el tiempo se ha corroborado el
dicho de que “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”.
El periodismo no se va a arreglar
cambiando el estilo y la tipografía. El periodismo está inmerso en una crisis
de la misma naturaleza que la que acosa a la sociedad. Es necesario emprender
una reforma integral porque no estamos únicamente ante un problema de calidad
de la información.
Uno de los problemas de más
urgente solución es que el relativismo también ha entrado en el periodismo. Es
difícil precisar una fecha concreta, pero las redacciones le abrieron las
puertas y le aclamaron como a un viejo amigo.
El relativismo está amancebado
con el “mito de la neutralidad”. Se ha pensado que el mejor periódico era el
neutral, el que no se decidía por una determinada idea y se limitaba a
transmitir información. Hoy en día, acceder a esa información es más fácil a
través de internet. Ya no se paga por información. Hace doscientos años quizá
sí, pero ahora no se paga algo que puedes tener gratis a través de cualquier periódico
digital. En cambio, la sociedad sí estaría dispuesta a pagar por la opinión,
por escuchar una buena interpretación de una determinada noticia.
Se creía que lo mejor eran los periódicos
neutrales o los que registran todas las opiniones jugando con el contraste.
Así, se aceptaba la proposición de que todas las opiniones valen lo mismo o que
la media aritmética entre una opinión y otra da como resultado lo que es bueno
en ese momento.
Los mismos periódicos neutrales
se acaban implicando en una causa o en otra. Cualquier periódico neutral lo
primero que hace es aceptar los dogmas de nuestro tiempo: la democracia, la
ausencia de la moralidad, la falta de unidad entre lo público y lo privado, el
politizado lenguaje archisilábico, etc.
En España uno lee el periódico
que defiende sus ideas y resulta una pérdida de tiempo leer a quienes
continuamente te meten el dedo en el ojo. Es bueno, “conocer al enemigo”, por
decirlo de alguna manera, pero no acabar intoxicándose.
Al final, experimentos como Jot
Down tienen muy buena calidad y una esmerada presentación, pero acaban
degenerando y convirtiéndose a la misma religión que sus enemigos. A estos
experimentos se les podría aplicar como lema la frase de Groucho Marx “estos
son mis principios, si no les gustan… tengo otros”.
En el tintero me dejo, además,
una crítica a una tendencia muy en boga que es la de volver al pasado: véase
fotos en blanco y negro y gafapastas con camisas de cuadros. En otro momento
abordaré el tema. No criticaré el hecho de que se vuelva al pasado en sí, sino
exponer por qué se cogen modelos del pasado, qué hay de bueno y malo en ello y
mostrar mi malestar ante quienes pretenden vestir como en décadas pasadas y
sostienen las mismas idioteces de siempre. Pero esta crítica es mejor que la
deje para futuras, y joviales, ocasiones.
También es de justicia reconocer
el mérito que tiene Jot Down, porque es uno de los medios de más calidad en el
panorama periodístico actual. Sin embargo, no lo suficiente como para renovar
el periodismo
Un buen periodista no es sólo el
que escribe bien o usa epítetos rimbombantes y fotos en blanco y negro. W.R.
Titterton, en su biografía de cierto periodista, dejó para la historia un
magnífico párrafo a este respecto: “el periodismo falla cuando no relaciona la
noticia del momento, o el comentario inmediato de la noticia, con la verdad
eterna. G.K.Chesterton no falló nunca en este sentido”.